Desde hace 3 años
cada junio me toca montar unas cuantas cajas,
preparar muchas bolsas de basura
y decidir: qué quedarse, qué tirar.
Es un privilegio haber vivido cada año en un sitio distinto,
por eso siempre colecciono los recuerdos de cada vez,
porque sé que el año siguiente no estaré viviendo en el mismo sitio,
no podre volver a repetir las mismas cosas.
de qué sirve,
si cada vez (en junio)
la mitad de los recuerdos
deciden irse a la negra bolsa de basura
y el único que queda permanente,
es el olor y el ruido
del contenedor.
El del primer año era un contenedor verde, apenas olía mal, porque era primera hora de la mañana.
El de este no tenía espacio para una bolsa más.
Pronto llegará septiembre.
Y vuelta a empezar.
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2 comments:
Adri, créeme: es un privilegio el de tener que preparar esa insidiosa bolsa. Al fin y al cabo, son los pequeños avatares de la independencia, o no?
¡A ver si nos vemos pronto!
Un besazoooooooooo
Los contenedores de Santiago son preciosos...y muy modernos (como a ti te gustan) yo no digo más. Bonita entrada. Yo estoy harto de la independencia geográfica (me refiero a que vivo a 100 km de mis papas); ¿cuándo vendrá la económica?, la de verdad. No digais nada... pero espero que nunca.
¿Cuándo vuelves prima?
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